Se llama hilorio, por esta parte del mundo, a la reunión de mujeres para realizar tareas de costura (hilar) que la mayoría de las veces escondían otro fin mucho mas interesante que era el de hablar, pasar las largas noches del invierno en agradable compañía, o lo que ahora se llamaría “echar unas risas” en buena armonía. Eran más frecuentes estos hilorios, en otros sitios llamados filandones, en las aldeas o pueblos pequeños, donde la compañía del prójimo se hacía más necesaria. Tenían lugar en casa de alguna de las participantes y solían hacerse después de la cena.

La palabra hilorio se utilizaba por extensión para designar otras reuniones rurales entre mozos y mozas juntos o por separado, y el hecho de que no fueran demasiado frecuentes las hacía más deseadas. Alguna vez, los clérigos se opusieron a su celebración alegando que los fines perseguidos no eran muy acordes con la fe cristiana.

Veamos lo que escribía el cura de Mosarejos al obispo de Osma, en un lejano día del año de gracia de 1770:

Informado de su Ilustrísima de que en muchos lugares hay la pecaminosa corruptela de juntarse los mozos y mozas las noches de invierno con el título de ylorios que totalmente se prohíben y vajo pena de 50 ducados y exorten su ilustrísima a los alcaldes a fin de que pongan todo cuidado y diligencia en cortar del todo semejantes juntas requiriendo a los dueños de las casas en donde se hazen para que no admitan en ellas mozos y mozas por quanto de ello es consiguiente originarse graves ofensas a Dios Nuestro Señor, bien entendido de que se tomaran los medios más eficaces contra los contrabentores. Y en la misma conformidad prohíbe su ilustrísima mirando como debe por el bien de las almas toda junta de bayles nocturnos de mozos y mozas con motibo de Pasquas, carnestolendas y otras festividades por los graves yncombenientes y daños espirituales que se experimentan, no siendo justo que en los días más sagrados y dedicados al culto de Dios sea en los que más se le ofenda, sobre que encarga gravemente las conciencias del cura para que lo cele, de las justicias para que lo ebiten, y a los padres de familias y amos para que no permitan a sus hijas ni criadas asistan a semejantes juntas y festejos propiamente dedicados al Diablo.

Información facilitada por Pesquisas de Gormaz y Caracena

Hilorio